EDITORIAL: El valor de la confianza

Por Andrés De Leo

La confianza es una cualidad de las personas que tienen total seguridad de algo o de alguien. Los componentes léxicos de la palabra incluyen el prefijo CON que denota el significado Colectivo (común, todo, junto) y la raíz FI del verbo fiar que deriva de fides palabra usada en el Latín para denominar Fe (lealtad).

En la biblia, la confianza es vista como una virtud que mueve a creer en una persona o en sus palabras porque inspira por su autoridad, bondad y/o testimonialidad de vida, haciéndola merecedora de esa confianza, por lo que sus palabras y acciones son respetadas e imitadas.

Pero así como la confianza es vista como una cualidad y una virtud que permite al individuo avanzar a pesar de las dificultades y reveses que presenta la vida, también coexiste en la sociedad desde hace tiempo una noción disvaliosa de la confianza, muy ligada a la ingenuidad y que vuelve vulnerable alas personas.

“La confianza mató al gato” se suele escuchar. Stephen King ha dicho que la confianza del inocente es la herramienta más útil del mentiroso. Aún así cabe reflexionar sobre la frase de este genial autor. ¿Y si en lugar de la confianza, el defecto en las personas radica en la inocencia que se origina en la ingenuidad? No caben dudas que al mentiroso le sería mucho más dificultoso perpetrar sus engaños a ciudadanos libres, confiados e instruidos.

Todos los partidos políticos expresan valores sociales, muchos de ellos compartidos y otros contrapuestos. La libertad, la justicia social, la democracia, el republicanismo. Y con el correr de los años, cada partido es identificado por la sociedad con algunos de estos valores. Pero la fortaleza de una organización política no se sustenta en la ideología o en los principios que se pregonan, sino sobre la base de los valores que unen y que se expanden en las comunidades. Nunca tan acertada la frase de Moisés Lebensohn: “Doctrina para que nos entiendan, conducta para que nos crean”. Es en ese marco que el valor de la confianza cobra sentido y significación en nuestro partido político.

Hace pocos días, la fundadora, líder e inspiradora de nuestro partido, una vez más sacudió el tablero político de la Argentina solicitando públicamente a los representantes de Juntos por el Cambio que acompañen la designación del Juez Rafecas al cargo de Procurador General. No es objeto de este editorial explayarnos sobre los argumentos y las formas de la postura de Lilita que adherimos y compartimos y que han sido difundidas ampliamente. Los líderes políticos que toman decisiones, casi nunca hacen lo que quieren sino que hacen lo que deben hacer. Y en muchas circunstancias, como en esta oportunidad, deben elegir la mejor de las malas opciones que existen. Más claramente dicho, el menor de los males. Y la radicalización del Kirchnerismo marcaba que se iba, y aún puede ocurrir, hacia la modificación de la ley de designación para sustituir la postulación de Rafecas por otro candidato o candidata que profundice el intento de sometimiento de la Justicia y de la consagración de la impunidad.

Más importante que la defensa de la argumentación de la decisión, es poner a prueba de fuego el contrato de confianza entre nuestra líder, nuestro partido, con los dirigentes y los argentinos. Son estos los momentos que definen el perfil y el rumbo de nuestro partido.

No es la primera vez que Lilita ha tomado decisiones que generan controversia, dudas, incomprensión entre quienes la siguen y admiran y que sus adversarios y enemigos pretenden usufructuar para limar su credibilidad y la de nuestro partido. Nadie es infalible, pero la credibilidad y la confianza en Lilita han sido fruto de más de 25 años de ponerle el cuerpo y el alma a una causa, llena de aciertos con toques de brillantez y genialidades, y, como mujer extraordinaria, no exenta de errores circunstanciales. Pero en lo que no hay lugar a dudas es que siempre sus acciones han sido guiadas por un objetivo mayor y una estrategia acorde para ello. Y muchas veces, como puede resultar en este caso, lo que se percibe como un error circunstancial, resulta en la acción estratégica para el logro de ese objetivo mayor. El retiro con la carterita en la mano es el más recordado, pero no el único.

Hoy hay que ratificar el valor de la confianza. Nos dice Mencken que es la confianza mutua, más que el interés mutuo, la que mantiene unidos a los grupos humanos. Y esta ha sido la base fundamental para sostener y hacer crecer a la CC-ARI de la provincia de Buenos Aires durante en estos cinco años. Es un partido con un liderazgo que inspira confianza. Con dirigentes confiables y que, a pesar de las diversidades, estamos unidos sobre los valores comunes y la confianza que hemos construido a lo a largo de este tiempo, sustento base para la transformación de la Provincia de Buenos Aires y de la Argentina.