Daniel Salvador es el presidente de la Unión Cívica Radical de la Provincia de Buenos Aires y fue vicegobernador en la gestión de María Eugenia Vidal. Hablamos sobre su experiencia en la gestión junto la CC-ARI y el fortalecimiento de JxC.
-¿Qué opinión tenés sobre la Coalición Cívica?
-La Coalición Cívica ha tenido desde la conformación de Cambiemos un peso extraordinario basado en su impronta ética y moral, que se sumó a la historia y territorialidad del radicalismo y a la fuerza de un partido nuevo como el Pro. Y esto se tradujo, en la Provincia de Buenos Aires, en logros en la gestión durante la gobernación de Cambiemos, y en el ámbito legislativo, con la conformación de un solo bloque en las cámaras que al día de hoy, tras las elecciones, se mantiene unido. No es un interbloque, es un solo bloque. La Provincia de Buenos Aires es la mejor expresión de lo que Juntos por el Cambio puede lograr en la gestión y en lo político.
Lo que dejamos en la Provincia en estos cuatro años son cuestiones que se ven; no son relatos, son realidades. La gente lo ve en los 135 distritos, en rutas, en hospitales, en escuelas y todo lo que tiene que ver con la pelea a partir de los valores, como la lucha contra las mafias y el narcotráfico.
-Y esa gestión era un sueño cuando, como presidente de l a UCR bonaerense, comenzaste a trabajar junto a Elisa Carrió en la conformación de Cambiemos. La creación de esa unión es uno de los logros políticos más importantes de tu carrera política hasta el momento.
-Sin dudas. He trabajado y construido una relación con Lilita muy cercana desde entonces, como también con otros referentes de la Coalición Cívica como con Maricel Etchecoin y Andrés De Leo, entre otros. Y es cierto que desde un comienzo en el radicalismo hubo posiciones disidentes pero logramos conformar una fuerza con aspiraciones reales que logró acceder al poder y mostrar un tipo de gestión del cuál hoy nos enorgullecemos en la Provincia de Buenos Aires, que ha ratificado al radicalismo en su territorialidad y peso legislativo.
-La interna radical, cuya fecha de votación se trasladó a marzo, parece tensionarse entre, por un lado, el rechazo de un sector a ciertas figuras de JxC –principalmente a Mauricio Macri- y, por otro, la convocatoria de los intendentes y legisladores radicales a fortalecer la alianza con la CC y el PRO
-Puede haber un voto por la negativa y otro por la positiva. Lo cierto es que más allá de las diferencias y dificultades, hay un contexto en el que debemos apostar a la unión porque la sociedad lo está reclamando pero también porque es el camino que más le conviene al radicalismo para poder hacer realidad sus objetivos democráticos, institucionales y de igualdad. Cambiemos se convirtió en una pata muy importante para la democracia argentina desde 2015, mucho más en este contexto. La lista que acompaño, encabezada por el diputado provincial Maximiliano Abad como candidato a sucederme, claramente tiene la vocación de fortalecer el trabajo que se viene haciendo con la Coalición Cívica y el PRO (NdeR: la otra lista está encabezada por Gustavo Posse, intendente de San Isidro).
-¿El radicalismo pierde o licúa su histórica impronta de independencia y espíritu revolucionario dentro de la alianza JxC?
-No, en absoluto. Y lo transcurrido hasta el momento lo demuestra. Resultaba difícil de imaginar antes de formar Cambiemos que representantes del partido puedan ser gobernadores, vicegobernadores, ganar intendencias o aumentar su número en los bloques legislativos, y cuando eso fue posible y se hizo realidad, los valores y objetivos del partido fueron defendidos en las mesas donde se tomaron decisiones y se pudo transformar la realidad de manera concreta. La gestión de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires fue un antes y un después, por ejemplo, cuando se trató a todas las intendencias de la misma manera, más allá de las banderías políticas, y ese es un logro de la alianza que conformamos, coincidente con los preceptos vinculados a la justicia en la distribución de los recursos que sostiene nuestro partido.
-Lo decís en un momento en que desde Mar del Plata y Bahía Blanca, municipios conducidos por JxC, cuestionan ser
discriminados por parte de Kicillof en el marco de la pandemia, haciendo retroceder a esas comunas a fase 3 y generando miedo en sus habitantes, a partir de datos falsos.
-La gente y ninguna persona puede ser rehén de los intereses mezquinos de la política, en ningún aspecto, y el radicalismo tiene que ser protagonista de esa defensa. Y debe ser eficaz, en una estrategia que le posibilite transformar la realidad actual, de manera palpable. La UCR debe buscar consensos y liderazgos dentro de JxC, pero no fuera de esta alianza. Considero que la permanencia en este camino es lo que empieza a estar en juego en esta interna.
-Ya ha habido alejamientos de radicales de los bloques de JxC y esto le ha quitado fuerza al partido al momento de reclamar espacios de representación en las listas de candidatos.
-Es cierto y son las reglas del juego. Por eso debemos elegir un camino y nosotros planteamos uno muy claro, que es estar dentro del acuerdo con la CC y el PRO.
-En los últimos años, los seguidores de la Coalición Cívica han construido una relación con los radicales de la provincia, por lo que los lectores de esta revista también influyen, en alguna medida, en la interna de la UCR, mediante el diálogo con los afiliados.
-Efectivamente, porque hemos generado una sinergia, un fortalecimiento, un trabajo conjunto. JxC se vería muy resentido si algunas de sus tres componentes fundamentales se debilita o se corre. Todos los que formamos par te de es te grupo debemos mantener nuestras identidades, nuestros espacios partidarios y sentirnos responsables de afianzar y mejorar esta coalición que se opone a las injusticias, las mafias, el clientelismo, a la pobreza generada para luego forzar voluntades. Frente a nosotros, como radicales y como parte de JxC, tenemos un desafío superior: el de defender una sociedad que, no me cabe duda, busca ser justa y democrática. Por ello, en esta interna debemos exteriorizar mediante el voto, nuestra voluntad real de cambiar el rumbo que la Argentina y la Provincia de Buenos Aires está tomando desde diciembre pasado.

